El niño apenas pestañeó, pues miraba fijamente al escriba. Este hizo un gesto de pesar.
—Han encontrado los cuerpos de tu hermana y tu padre sin vida —murmuró el escriba, desviando la vista del chiquillo.
Neferhor tragó saliva, pero continuó sin decir nada, pues aún no había asimilado lo que le contaban.
—Ambos se hallaban atrapados junto a uno de los diques del campo; entre el fango. Al parecer llevaban muertos un tiempo.
El pequeño se imaginó el escenario al instante. Durante el mes de kolahk, cuarto y último de Akhet, y tobe, el primero de Peret, la siembra, los campesinos acostumbraban a recorrer sus granjas para comprobar el estado de los diques que habían construido para detener el agua convenientemente. Aunque la profundidad era poca, a veces utilizaban un esquife de papiro para desplazarse mejor. Si era necesario soltaban el agua de los estanques que habían creado, para que la tierra continuara húmeda pues la siembra estaba próxima. Era un trabajo que no entrañaba ningún riesgo, y que él había realizado junto a su padre muchas veces.




