EL BRILLO DE LA SEDA


Te esfuerzas demasiado en parecer un hombre —dijo Leo—. Hay muchas clases de eunucos, dependiendo de la edad a la que fueron castrados y hasta qué punto. Los hay que fueron castrados tarde y son
Pese al calor que hacía, Ana sintió un escalofrío. El obispo la estaba mirando a la cara, observaba su postura, con las manos caídas a los costados, la actitud, propia de una mujer, de deferencia. Ella levantó las manos frente a sí, y luego no supo qué hacer y volvió a dejarlas caer. ¿Cuánto sabría el obispo acerca de Justiniano? ¿Sabría que sus padres habían muerto? ¿Que era viudo? Debía tener mucho cuidado.
—Su hermana se encuentra angustiada —dijo. Al menos aquello era cierto.
El amplio rostro de Constantino mostraba una expresión grave. Afirmó lentamente con la cabeza y contestó:
—Me temo que no tengo buenas noticias para ella. Justiniano vive, pero en el exilio, en el desierto que hay más allá de Jerusalén.