—Pero ilustrísima, ¿por dónde queréis agrandar el claustro?, como no sea invadiendo la aljama, no veo yo posibilidad alguna.
—Exactamente, vuestra caridad, en su perspicacia, ha dado con la solución del problema.
—Pero reverencia, ahí viven gentes y no creo yo que abandonen de buen grado sus casas para que vuesa mercé pueda ampliar el claustro.
—Nadie ha dicho que lo hagan de buen grado, lo que sí os digo es que lo harán.
Al añadir esto último los ojos del prelado emitieron un acerado brillo y una expresión de dureza que no pasaron inadvertidos al coadjutor.
—Viven en ella gentes que tienen el paso franco y que entran en el Alcázar Real casi todos los días, son adversarios a tener en cuenta —apuntó el clérigo.
