EL PUENTE DE ALCANTARA 1


Luego el médico franco examinó a la mujer. «Esta mujer está poseída por el demonio. Se le ha metido el diablo en la cabeza. Afeitadle la cabeza.» Cortaron el cabello a la mujer y volvieron a darle de comer su bazofia habitual: ajo y cebolla. Poco después su estado empeoró, y el médico dijo: «El demonio se ha hecho fuerte en su cabeza». Cogió una navaja de barbero, hizo un corte en forma de cruz en la cabeza de la mujer, levantó la piel, dejando que se viera el cráneo, y echó sal en la herida abierta. También esta mujer murió poco tiempo después.
Contaré esta historia al shaik en nuestro próximo encuentro, y le preguntaré si acaso al- Ilbiri no hubiera podido retrasar la hora de la muerte de esos dos francos, haciendo que se continuaran los tratamientos que había prescrito.
Pero ya intuyo cuál será su respuesta. Responderá con el viejo proverbio de nuestros padres: para ser sabio no basta con quererlo. Dirá que no debemos utilizar la afilada sierra de nuestra inteligencia para cortar la rama en la que estamos sentados. Y yo volveré a quedarme sin una respuesta que satisfaga a mi razón.
El shaik empleó la frase: «Es verdad, porque es sabio». Quizá lo que él dice es verdad, porque él es sabio.