HIJOS DE UN REY GODO


Tras la cascada y la cueva, el cenobio de Ongar, el lugar donde moraban los monjes. De todos ellos, Mailoc, el abad, era su amigo y protector. Aster quiso que Baddo, su hija, aprendiese las letras con él. Nadie entendió su decisión; ¿para qué educar a una mujer? Pero él no respondió, y quizá pensó en el hada, la Jana que encontró junto a un arroyo, una mujer bruja que sabía leer; por eso quiso que su hija Baddo conociese los signos de los pergaminos.