—Cècil, por favor, no remuevas. ¿Cómo estás?
—Sorprendido. Después de tanto tiempo, tras haber encerrado todos mis cadáveres en el armario, apareces de golpe en medio de una historia inverosímil de robos, mentiras, ¡y hasta un asesinato! Y por cierto me han advertido que tenga cuidado contigo, porque estás involucrada en él.
—¿Y tú qué dices? ¿Crees que maté al cura?
—¡No digas tonterías! Has hecho muchas cosas raras —la vi bajar sensiblemente la cabeza—, pero eres incapaz de hacer daño “físico” a nadie. Sin embargo, me dijo el comisario que su casa estaba llena de tus huellas.
