—¡Gresulfo! —gritó desesperada antes de que los tres muchachos se alejaran hacia la muela.
—Sí, madre —respondió el muchacho tras volver la cabeza.
—¡Haz cuanto tu madre te ha dicho! ¡No oses desobedecerme!
Gresulfo la contempló con gesto sorpresivo. Después sonrió mostrando sus dientes amarillentos.
—¡Esta noche festejaremos la victoria contra los paganos! —gritó dibujando una mueca de complicidad, al tiempo que alzaba la espada con un gesto infantil, y Teodegoncia se sintió complacida.
