EL GLADIADOR


Macro se quedó mirando al intendente. —Mira..., ¿cómo has dicho que te llamabas? —Corvino, señor. Lucio Junilo Corvino.
—Así que Corvino, ¿eh? —Macro sonrió—. De cuervo..., te queda bien. Bueno, ahí afuera hay gente que necesita nuestra ayuda. De momento vamos a limitarnos a ayudar a los supervivientes. Vamos a sacar a todos los que estén atrapados bajo las ruinas y luego tendremos que darles de comer, procurar que tengan agua fresca y cobijo. A más largo plazo, vamos a tener que asegurarnos de que haya orden. Si la comida escasea nos va a resultar muy difícil mantener la paz. En tal caso, necesito que todos y cada uno de los soldados de la Duodécima Hispania estén debidamente equipados y listos para combatir. Ello significa que tendrás que mover el culo y encargarte de que los hombres tengan todo lo necesario. ¿Lo has entendido?
—Sí, señor. Haré todo lo que pueda.