—Una noche calurosa —comentó Ben. —Sheere se volvió y le dedicó una mirada vagamente hostil. —¿Vas a quedarte ahí toda la noche? —Hagamos un pacto. Ven a tomar un vaso de deliciosa limonada helada conmigo y
luego te dejaré en paz —ofreció Ben. —No puedo, Ben. De verdad. —Estaremos sólo a veinte metros de aquí —añadió Ben. Podemos poner un cascabel
en la puerta. —¿Es tan importante para ti? —preguntó Sheere. Ben asintió. —Es mi última semana en este lugar. He pasado toda mi vida aquí y dentro de cinco
días volveré a estar solo. Solo de verdad. No sé si podré pasar otra noche como ésta, entre amigos —dijo Ben—.Tú no sabes lo que es eso.
Sheere le observó un largo instante. —Sí que lo sé —dijo ella finalmente—. Llévame hasta esa limonada.
