—Y también le ahorrasteis al posadero discutir por el pre-
cio del vino...
—Pero esa vieja barrica se merecía todas las copas de vino
que derramé en su boca.
—¿Os reveló dónde se encuentra el convento?
El padre sonrió.
—¿Dónde está, padre?
En medio de la oscuridad de lá helada noche de noviem-
bre, el padre de Andrej señaló hacia la ventana. Ahora sus ojos
reflejaban la luz de las velas y su sonrisa se volvió cada vez
más amplia. Las sombras convertían su rostro en el de un
desconocido.
—Mañana te ocultarás junto a la puerta, como convini-
mos, y aguardarás a que te arroje la Biblia del Diablo.
