HARALD EL VIKINGO


—¿Cómo podrá ser eso?—preguntó Rulav—. Olav es el hijo legítimo del rey, el que reinará cuando expulsemos al invasor danés.
—Olav morirá tras un largo reinado y será declarado santo por Justus, el obispo cristiano. Tras él vendrá su hijo Magnus, de reinado breve.
—¿Cómo sabrá Justus que mi hijo es hermanastro de Olav, hijo natural del rey Harald? —quiso saber Solvej.
—Por los tatuajes que ahora le grabaré detrás de las orejas y que tú le mostrarás a su regreso. Son los cuervos sagrados que, lo mismo que aconsejaron a Tor desde su nacimiento, le indicarán el camino a seguir en las encrucijadas que hallará a su paso.
Tras lograr la aquiescencia de su madre, Sigrid adormeció al pequeño aplicándole en la nariz una esponja marina empapada en misterioso líquido. Luego, utilizando una fina aguja de asta de alce, le grabó tras el pabellón de las orejas sendos cuervos negros con el pico amarillo.