VIRIATO CONTRA ROMA


-Beduno, aumenta las horas de entrenamiento. Voy a estar demasiado ocupado para comprobar sus avances... -y, volvién-
dose hacia mí- No tardarás en que prepararte. Por lo demás, tregue algo que te pertenece.
emprender tu primer viaje, tienes creo que es hora ya de que te en-
Se dirigió a uno de los que estaban Junto a la pared, estrecho, envuelto en paños, que trajo a la mesa. -Aquí está. Puedes...
grandes arcones de madera y hierro lo abrió y retiró un objeto largo y
En aquel momento entró mi madre. No había estado escu- chando, porque no prestó atención a lo que había en la mesa, y empezó a hablar con su hermano de un asunto trivial cualquiera, pero, de repente, se quedó callada al ver aquel objeto, y su ex- presión cambió. Clavó los ojos en mi tío, unos ojos que echaban chispas de cólera, y gritó, con una voz ronca y restallante como un látigo: -¡No lo permito! ¡No lo permitiré nunca!
Incluso habituado como estaba al ambiente de hostilidad que allí reinaba en los últimos tiempos, me estremecí. Camalo, curtido por largos años de experiencia, se encogió de hombros.
-Tonglo, tengo que hablar con tu madre. Te llamaré después.