DONDE NADIE TE ENCUENTRE


Eran más de las diez cuando acabaron de cargar el equipaje en la furgoneta. Nourissier estaba molesto por el retraso de casi una hora, pero no se atrevió a protestar. En realidad empezaba a darse cuenta de basta qué punto dependía de su guía de viaje. Cuanto antes lo asumiera, tanto mejor. El había bajado a desayunar a las ocho, y después había esperado a Infante tomando café tras café. Cansado, fue a sentarse en un sofá de la recepción. Cuando por fin el periodista se presentó, lo hizo en un estado de auténtica euforia.
—¡He dormido como un rey! —declaró—. ¡Y ese desayuno delicioso que nos han dado! Viviendo en una ciudad tan grande como Barcelona uno acaba olvidándose del sabor auténtico de los alimentos. Pero aquí... es como recuperar las sensaciones de la infancia. ¿No está de acuerdo?
—Supongo que sí.
—¿Sólo lo supone? No se habrá levantado usted de mal humor.
—No, cuando me desperté estaba de un humor excelente, pero de eso hace bastante tiempo ya.
—Pas de probléme! Enseguida nos vamos, cherdocteur. Pero no piense que nos desplazaremos a un lugar muy lejano; de hecho llegaremos enseguida, ya verá. Aunque antes de dejar Tortosa deberíamos hacer otra pequeña compra.
—¿Más licor?