—Buenos días, ¿el Panteón de los Héroes?
—Siga usted recto por esta calle y lo tiene a ciento cincuenta metros a la derecha, por unas escalinatas.
—Gracias, ¿sabe usted si ayer hubo algún entierro o si hay alguno previsto para hoy?
—Que yo sepa, no se entierra a nadie allí desde hace años. Alguna ceremonia ocasional, pero nada más. De todas maneras, si no tiene prisa quizá se encuentre por allí a un anciano que mata el tiempo arreglando los alrededores del Panteón. Lleva por aquí desde hace años y el jefe, cuando no sabe algo de la parte más vieja del cementerio lo busca y habla con él. Es una enciclopedia, lo que no sepa él, no lo sabe nadie.
—¿Cómo se llama?
—¿Yo?, Manuel González, ¿por qué? —preguntó receloso.
—No, usted no, el anciano que debo buscar.
—Creo que Gonzalo. Ya estaba aquí cuando llegué yo... ¿y por qué, si puede saberse?
—Por nada, es que he oído hablar de ese panteón y me gustaría verlo, nada más. Gracias, voy a ver si lo encuentro.
