—El padre Mica visitó a las mujeres ayer, según me han dicho —declaró—. Me gustaría preguntarles que ocurrió.
—Por supuesto. Seguidme.
Él obedeció. La monja lo llevó a través de una zona de la sala en la que había seis camas, de las cuales sólo tres parecían estar ocupadas. Luego cruzaron un arco hasta una segunda zona donde había más camas, con más espacio entre ellas.
—Aquí es donde cuidamos a los bebés y a sus madres —explicó la monja. —¿Cuántas hay ahora mismo, sor...? Eh, no sé vuestro nombre. —Soy Clare. Tenemos a tres mujeres embarazadas, aunque una de ellas creo
que está poniéndose de parto. Es su primera vez y está muy nerviosa —la voz de sor Clare bajó hasta el susurro—, así que también podría ser que los nervios le estuvieran haciendo pensar que siente los dolores.
—Ah. —La verdad es que no se le ocurrió otra respuesta.
—Y tenemos a dos madres que acaban de parir —prosiguió la monja—. Venid y las conoceréis.
