INES Y LA ALEGRIA


—¿Está usted segura?
—Completamente —pero tuve la impresión de que no me creía—. No he visto a este hombre en mi vida.
No entiendo lo que pone aquí, le dije a él aquella tarde. No sé quién ha escrito esto ni lo que pretende, así que le voy a pedir que se marche usted ahora mismo de mi casa. ¿Qué? El aún estaba menos preparado para encajar mi respuesta que el abogado que me trajo su foto a la cárcel dos años y medio después. Pero... No puede ser... ¿No ha leído usted...? ¿Este galimatías?, y tiré la nota al suelo. Sí, sí lo he leído, pero no entiendo lo que significa, ya se lo he dicho, y no pienso ir con usted a ninguna parte porque no le conozco y no me inspira ninguna confianza, así que váyase, por favor, ya se habrá dado cuenta al entrar de que esta casa es una oficina del Socorro Rojo Internacional, y está bajo la protección del gobierno.
—Nosotros, en cambio, creemos que sí llegó a conocerlo. Este hombre, José Luis Ramos García, cruzó las líneas el 18 de diciembre de 1936 para desempeñar una serie de misiones en Madrid. La primera consistía en recogerla a usted, con el dinero que su hermano había reunido para financiar el Alzamiento Nacional, y ponerla a salvo en nuestra zona. Don Ricardo le insistió mucho en que se pusiera en contacto con usted antes de acudir a ninguna otra cita, para que su salvamento, que estaría a cargo del mismo equipo que le sacó a él de la embajada de Suecia, no corriera ningún riesgo. No hay motivo para que no siguiera estas instrucciones, y nos consta que llegó a entrevistarse con otras personas en Madrid antes de ser detenido, condenado a muerte por un tribunal popular y fusilado a continuación.