—Soy el capitán Ático Milon Perennis, y éste es el centurión de infantería de marina, Septimio Laetonio Capito. Somos los oficiales al mando del trirreme Aquila, destinado en el puerto de Locri, sirviendo en el mar Jónico y el estrecho de Mesina. Esta mañana...
—Aguarda —lo interrumpió Escipión—, conozco el nombre de familia Laetonio —dijo señalando a Septimio con un asentimiento—, pero nunca he oído hablar de Milon. ¿Cuál es el origen de tu familia?
—Griego, dominus —replicó Ático, confuso en cierto modo por la dirección del interrogatorio—, de Brutium —señaló refiriéndose a la región ocupada situada en la punta de la bota del territorio italiano.
—Entonces, ¿cómo es que un griego está ejerciendo el mando en un barco romano? —inquirió el cónsul, intentando evaluar al joven capitán que tenía delante. Sabía que las ciudades de provincias proporcionaban muchas de las naves de la armada romana, y por esa razón sus tripulaciones constituían una mezcla de personal procedente de las cuatro esquinas de la república, pero siempre había creído que todos los trirremes estaban gobernados por ciudadanos romanos.
—El origen del nombre es griego, pero todos somos de Brutium y ciudadanos de la República. Me enrolé en la marina a los catorce años de edad, y progresé en mi carrera hasta obtener el rango de capitán.
