EL MURO DE ADRIANO


—Soy soldado romano, pero nunca he visto Roma. Vaya. Así que ella tenía una experiencia de la que él carecía. —¿Y te gustaría ir? Sus miradas se cruzaron un instante y los ojos de él dejaron traslucir un anhelo. ¿De Roma? ¿De su casa? ¿De amistad? Pero Galba apartó la suya enseguida. —En otra época me habría gustado. Ahora no lo creo. Sospecho que Roma me decepcionaría. Valeria intentó bromear: —Creía que todos los caminos conducían a Roma. —Mi Roma es la frontera, señora. Y mi ambición, la caballería petriana. Tal vez te resulte una ambición modesta, pero es todo lo que tengo. Ella entendió lo que quería decir, y se sintió culpable. ¡Aquel tribuno estaba escoltando la causa de su propio descenso en el escalafón! —Y mi futuro marido está ahora al mando de esa caballería. Debes de sentirte ofendido. —¿Era leal? ¿Podía Marco confiar en él?