EL INFORME DE JUDEA


—¡Ah, cuestor! —exclamó el sonriente Collega dándose la vuelta en el taburete donde estaba sentado a la mesa de juego, con el fritillus, el cubilete, en la mano—. Solo una tirada más —dijo agitándolo. Con un quiebro de la muñeca lanzó los dados en el tablero de madera. Todos los ojos contemplaron cómo los cubitos de marfil rodaban y daban tumbos hasta detenerse. Inclinándose para leer el resultado, Collega rugió de satisfacción mientras sus compañeros alzaban las manos al cielo y gemían de desesperación—. ¡Yo gano! ¡Par duplex, dobles! ¡Ya podéis ir pagando!
Mientras los demás jugadores hurgaban en sus bolsas, Collega se puso en pie. Una mueca de dolor se dibujó en su rostro; se llevó la mano a la zona lumbar.
—Es el viejo problema de la espalda —explicó a Varrón—. No es nada.