EL FIN DEL MUNDO VENDRA DEL ESTE


—Sí, señor. Pero aún no hemos acabado. —Hum... —Estilicón se acarició el pelo de la coronilla, canoso y que raleaba—.
Sin embargo, en tu destacamento ha habido muchas deserciones, ¿no? El rostro del teniente expresaba vergüenza. —Sí, señor. —Hum... Entonces, te alistaste a los... ¿dieciocho?
—Sí, señor.
—Conque, antes de jubilarte, aún tienes que servir otros trece años. Es mucho tiempo sin ver a tu mujer y a tus hijos. Y, para una esposa, también es mucho tiempo sin ver a su marido. No sé si me entiendes.
—No digo que esté satisfecho, señor.
—Acuérdate del emperador Claudio. Bastó con que se fuese unos días al puerto de Ostia para que su esposa se casase con Cayo Silio.