LA CUPULA DEL MUNDO


Salió de su ensoñación y tras exteriorizar un gesto de turbación, se dirigió a su hermano:
—¿Crees que nuestro padre don Fernando no lo aprobaría?
—Él era un pragmático. Detened esta locura y renunciad al delirio imperial, don Alfonso. Que esa obsesión no os domine, pues no os acarreará sino descrédito y quebraderos de cabeza. ¿Por qué exponeros a tantos riesgos? ¿No sois consciente de vuestra vulnerabilidad, tan lejos de vuestros dominios? —le rogó—. Pero sea vuestra voluntad la que prevalezca, que acataremos todos.
En un tono neutro, ni disgustado, ni complacido, replicó:
—Aprensiones infundadas, Sancho. No voy a renegar de un derecho de sangre, y estoy firmemente decidido a defender mis derechos —garantizó terminante.