LA MUJER CUERVO


La violencia de la tempestad disminuyó y, tras un par de ráfagas de viento, la tormenta eléctrica cesó, dando paso a una tranquila lluvia persistente. Godain se arrodilló, bajó la cabeza y hundió las manos en la arena. La fuerza salió de él, fluyó hacia abajo y penetró en la tierra. Entonces inspiró profundamente, colmándose del olor a moluscos, barro y hierba húmeda.