LA LANZA DEL DESTINO


Cuando murió Pío XI, su sucesor encargó a Ludwig que buscara un emplazamiento adecuado para el sarcófago de Su Santidad, en el corazón mismo de la necrópolis. Una vez escogido el lugar, el arqueólogo mandó colocar allí una pesada placa de mármol: por poco provoca una catástrofe. En medio de un gran estrépito se vino abajo un paño de pared. Tras él, Ludwig y su equipo descubrieron un espacio abovedado similar a los cimientos de una iglesia antigua. Muy antigua. En su centro había una tumba.
A Ludwig ya no le cabía ninguna duda de que se trataba de la tumba de los primeros tiempos.

     
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