Hasta la fecha, Spence seguía siendo el fichaje más joven en la historia de la CIA, y algunos de los veteranos hablaban todavía de aquel cerebrito que se pavoneaba por Langley con su enorme ego y una capacidad analítica asombrosa. Seguramente solo era cuestión de tiempo que un hombre trajeado de aspecto anodino lo abordase y le pusiese en la mano una tarjeta con la insignia de la Marina de Estados Unidos. Spence, por supuesto, preguntó qué quería de él la Armada, y la respuesta hizo que su vida tomara el rumbo que había seguido desde entonces.
Will recordó que había sentido un desconcierto parecido el día que Mark Shackleton le dijo que Área 51 formaba parte de una operación naval. El ejército tenía sus tradiciones, algunas obstinadamente ridículas, y esta era una de ellas.
