-Estoy de acuerdo con usted. Ver a un camarero japonés preparar un cóctel es como presenciar en directo una operación de apendicitis sin anestesia - dije.
-Hay que reconocer que son buenos intimidando a los borrachos y cortando limones de un tajo, ya me entiende, quien dice un cítrico habla de una cabeza humana, pero preparando un Manhattan son tan patosos como yo bailando swing. ¿Tiene alguna noticia que pueda servirme de provecho?
-Ninguna que pueda interesarle a Mussolini. Leon Blumenthal ha sido asesinado -le respondí.
-¿Quién es Leon Blumenthal? -me preguntó frunciendo el ceño-. Hay tantos judíos en esta ciudad...
Y tras propinarle una palmadita en el trasero a la muchacha, añadió:
-Ya puedes marcharte, cariño. Iré a buscarte mañana al sitio de costumbre, ¿conforme?
La joven exhaló un suspiro de alivio, y huyó rauda como la liebre que, en un descuido, logra zafarse de las garras del ave de rapiña de la que era presa.
-Blumenthal, el judío que vivía en mi casa, en la Concesión Francesa, casado con una joven llamada Norah -le aclaré.
-Hum... ¿Se refiere al que se dedica a las antigüedades? -El mismo.
