—¡Válgame Dios! ¡Si hasta un idiota se daría cuenta de que éste es el lugar adecuado! —espetó Lovell—. El rey se está debilitando con la lucha para capturar Hull, sólo porque se supone que es un buen puerto del norte y contiene un poderoso polvorín...
—¿Un polvorín? —preguntó Edmund.
—Un arsenal que quedó de cuando las Guerras Escocesas... pero mientras el rey Carlos ha estado perdiendo el tiempo frente a las puertas como una mantequera, están despojando el polvorín de su contenido, que se traslada al Parlamento por la carretera que va al sur... ¿Qué queda? Bristol está ocupado por los rebeldes. Warwick es un hervidero de discordia. Nottingham y York son lugares demasiado remotos para tenerlos en cuenta. Pero Oxford es céntrico, bien dispuesto para el rey, fácil de abastecer, con buenos accesos, defendible y, lo mejor de todo, lo bastante rico y refinado como para albergar a una corte real.
