—No te asustes, chiqueta.
La voz de aquel hombre la empuja a saltar. Se apoya con las manos en la piedra casi plana. Se levanta. Deja caer la toquilla y corre a rodear el matorral.
—Ven aquí, no te asustes.
El hombre la sigue despacio. Ha recogido la toquilla del suelo y la lleva en la mano. Pepita comienza a caminar de espaldas bordeando el matorral.
Despacio, él camina hacia ella y ella hacia atrás, mirándose de frente. —¿Eres Pepa? —Pepita. —No tengas miedo, vengo de parte de Felipe.
Sin dejar de caminar, Pepita alarga la mano hacia su toquilla. Pero no consigue alcanzarla.
—¿Y cómo sé yo que no eres un guardia civil disfrazado? Dicen que hay muchos.
