300 GUERREROS


Se resignó al segundo lugar, pero estaba contento de que fuera precisamente su amigo quien le superara. Quedaban pocos metros para llegar a la meta cuando Eurito bajó el ritmo claramente, como si se hubiera quedado sin fuerzas de repente. Un momento después Aristodemo se veía designado como vencedor por los jueces, que clasificaron a su amigo en el segundo lugar.
Todavía agachado sobre las rodillas y respirando con dificultad, Aristodemo miró a los ojos del otro, que le dirigió una mirada llena de esperanzas. Y entonces entendió inmediatamente. Eurito lo había dejado ganar. Una vez más había querido que se diera cuenta de él y su disponibilidad.