EL SILENCIO DE LOS INOCENTES


Excitada. agotada, Clarice Starling salió del edificio a fuerza de voluntad. Algunas de las cosas que Lecter había dicho de ella eran ciertas y otras solamente despertaban ecos de verdad. Durante unos instantes le había parecido tener suelta en la mente una conciencia ajena que derribaba objetos de las estanterías como un oso dentro de una caravana.
Le indignaba lo que había dicho de su madre y había de sofocar aquella cólera. Se trataba de un asunto de trabajo.