Era un hábito sin sentido, y él lo sabía, pero le había sido imposible romper con él. Después de todo, durante la mayor parte de sus vidas adultas, los dos hombres habían pasado casi cada tarde en mutua compañía. Durante el día, cuando no estaban juntos, si a Tom se le ocurría algo para decir a Doc, rasgaba un pedazo de papel y lo apuntaba allí, para asegurarse de que no lo olvidaría
