Pero ella no se lo tragó. —¿Es este caso parte de tu proyecto? —preguntó. Mellis llevaba entre manos algún tipo de investigación en la que nadie de los CCE quería verse implicado, o por lo menos eso había oído. —¿Mi proyecto? ¿El proyecto del virus furtivo? Pues sí. Mi idea es que tal vez haya virus desconocidos por ahí que no causan epidemias evidentes, sino que se desplazan furtivamente. No son muy contagiosos, así que sólo afectan a personas aisladas. Son como Jack el Destripador, asesinos en serie... virus furtivos. Lex Nathanson está al tanto de mi proyecto y le he pedido que mantenga los ojos abiertos por si surge algo así. Austen advirtió que Mellis llevaba un busca en el cinturón y se preguntó para qué lo necesitaría. —¿Me estás ocultando algo? Mellis levantó la mano y exhaló un suspiro. Estaba acostumbrado a que la gente se mantuviese al margen de su proyecto, que no parecía conducir a ninguna parte. —Mira —respondió—, si no quieres hacerlo, 11amaré a Lex y le diré tjue en estos momentos no tenemos a nadie disponible. El lo comprenderá. No hay ningún problema. —No es necesario que le llames; iré. Mellis pareció algo sorprendido. Abrió su carpeta, sacó un billete de avión de la compañía Delta Air Lines y una hoja de gastos y los dejó sobre la mesa de Austen. —Te lo agradezco —le dijo.
