Mayo 1952
Mateo llegó al Matadero a las seis de la mañana, entró en el cuarto-vestuario y procedió a cambiarse de ropa. Estaba solo, porque, renegador de la cama, siempre era de los primeros en llegar. Las operaciones de matanza comenzaban a las siete en verano y a las ocho en invierno. Se puso el pantalón y la chaquetilla azules, las botas de goma y el delantal de cuero. Luego se colgó el cinto con los cuchillos y el hierro de afilar metidos en sus fundas, guardó sus ropas en la taquilla y cerró con llave, porque se habían denunciado robos en los vestuarios. Salió al pasillo y se echó un pitillo mientras veía llegar a los demás matarifes. Le faltaba un año para tener su propia cartilla de fumador, pero se había agenciado una con datos falsificados, lo que le permitía retirar una cuota de tabaco racionado y que el vicio de fumar, tempranamente adquirido, no le resultara oneroso.
