EL TRIUNFO DEL SOL


Cuando terminaron, se apresuraron a regresar al campamento derviche, y se dedicaron a hacer los preparativos para continuar la travesía.
—Si vamos rápido, aún estamos a tiempo de cruzar las líneas enemigas antes de que el que escapó dé la alarma —advirtió Penrod.
Los camellos capturados estaban gordos, y habían bebido y descansado a gusto. Les transfirieron sus arreos, y soltaron a sus exhaustos animales para que encontrasen agua en Marbad Tegga, tras lo cual siguieron camino hacia el lejano río. En los odres de los derviches había más agua dulce del Nilo de la que necesitaban. Entre las provisiones, encontraron más bolsas de dhurra molido, dátiles y carne seca.
—Ahora tenemos suficientes vituallas como para llegar a Jartum —dijo Penrod, satisfecho.
—Creerán que nos dirigimos al vado de Korti, pero hay otro cruce más al oeste, bajo la catarata —le dijo Yakub.
Montaron en dos de los nuevos camellos y, llevando de tiro a los otros, cargados de abultados odres, siguieron camino hacia el sur.